Mariachi Tequila Chile : Musica de Mexico en Chile

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El Clasico Charro

Enlace permanente 24 de Septiembre, 2007, 14:21

El clásico charro —caballista mexicano que lleva un sombrero de magnas alas y un traje bordado— dio paso al prestigiado mariachi, cuyas características inevitables son las de un charro "macho" mexicano, pero elegante y cantante de música folclórica y ranchera.

Seguramente que cuando escuchamos decir la palabra "mariachi" nos viene a la cabeza un conjunto de hombres vestidos de negro o café —regularmente—, con sombrero y botas que van a dar serenatas o las "mañanitas" en los cumpleaños tradicionales. Y en efecto, radicalmente, ese es un mariachi.

El sombrero, el corbatín y las botas de "charro" son algunos de los implementos que más identifican a los mariachis

El mariachi siempre ha estado presente en mi vida, desde un cumpleaños, una llegada de viaje de mi mamá o mía, hasta una despedida, siempre acompañándonos el mariachi

Las botonaduras de estaño son el elemento que define el traje de mariachi.

En el traje de un charro que se precie de ello nunca faltan las botonaduras.

La vestimenta

El traje que utilizan se llama "Charro". Generalmente usan dos tipos de colores, el negro y el verde. Es una imitación de la estandarización occidental de los vestidos de gala. Sus vestimentas tienen distintos adornos llamados botonaduras, con forma de pequeños sombreros, caballos, gallos o calendarios aztecas trabajados con minucioso detalle. También portan un precioso sombrero bordado con infinidad de trazos y formas doradas, plateadas o de hilos brillantes y vistosos.

Más tarde, los mariachis se modernizaron y uno de esos cambios se reflejó en su indumentaria, hecha de paño o algodón, al estilo de los hacendados mexicanos. Los trajes actuales no recuerdan a los charros originarios, pero siguen llevando botonaduras, alamares y elegantes botines. Las mujeres utilizan una vestimenta similar aunque, en lugar de pantalones, llevan una falda larga negra, casi hasta los pies.

Otro de los elementos característicos de los mariachis son sus enormes cinturones, cuya hebilla va decorada con motivos de animales propios de la tradición mexicana, como puede ser el caballo o el gallo de peleas.

Algo que tampoco puede faltar es el lazo, generalmente de colores, que todos llevan anudado al cuello.

Los instrumentos

El mariachi original interpretaba instrumentos de cuerda, sobre todo violines y guitarras. Más tarde, aún dentro de la familia de las cuerdas, ingresaron dos nuevos instrumentos : la vihuela y el guitarrón.

En la década de los años 30 se añadieron las trompetas. En ocasiones también se utilizan el arpa y la marimba. Esta última es un instrumento típico de la música mexicana, muy parecido al xilófono. Otros instrumentos que se pueden encontrar en la formación de los mariachis son la flauta, el clarinete, el saxofón, el tumbón y el cornetín.

Los violines nativos se construían con madera de guásima, y la vihuela se hacía de cedro y rebelero. Para elaborar este último, los indígenas mexicanos imitaron el laúd español utilizando una concha de armadillo y el intestino de un gato. El arpa, el instrumento con más trabajo, se elaboraba con madera de cedro.

La guitarra se hacía de las mismas maderas y las cuerdas eran todas de intestino de zorrillo. El caso del guitarrón también es especial, ya que no se puede encontrar en ninguna otra agrupación, pues es exclusivo de los mariachis.

 pesar de todas las evoluciones de los mariachis, hay algo que no ha cambiado. Quizá porque un Cielito lindo cantado a tiempo continúa poniendo la piel de gallina al común de los mortales o tal vez porque casi todos los buenos recuerdos de una bonita historia se pueden sintetizar, con notas, en una de sus muchas partituras

En una sola noche los mariachis pueden llegar a dar hasta tres serenatas en lugares muy diferentes. "Nosotros trabajamos por horas", explica "y cobramos alrededor de 100 dólares por cada actuación. Recorremos casi toda la ciudad en un solo día, aunque el repertorio puede cambiar mucho de un acontecimiento a otro". Y es que de un entierro —donde se toca Amor eterno o Cuando sea grande— hasta una pedida de mano, donde el tema protagonista es Cielito lindo, existe un abismo de diferencia. Entonces, los músicos tienen que cambiar su ánimo, el ritmo e incluso sus caras, como si se tratara de actores de teatro.

Ay, Salamanca, no te rajes!

Pocas imágenes simbolizan mejor a México que la de esos charros de sombreros enormes, trajes ajustados recargados de brillos, adornos, encajes y botones que, armados de instrumentos musicales, forman los famosos mariachis y cantan románticas serenatas al pie de una ventana.

Estas son las mañanitas

que cantaba el rey David.

A las muchachas bonitas

se las cantamos aquí.

Sin embargo, el traje del charro mexicano, uno de los ejes de la iconografía del país del tequila, la ranchera y el guacamole no es mexicano sino español. El atuendo que inmortalizó a Jorge Negrete, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez y Vicente Fernández es original de la región de Castilla donde floreció la tradicional ciudad de Salamanca, una de las más bellas de España y cuna de la famosa universidad que lleva su nombre. Incluso el término charro también procede de la misma zona, fértil en encinares, rica en jamones y próspera en ganaderías de reses bravas.

Charros son los hacendados salmantinos que recorren a caballo sus enormes cortijos, con sus trajes negros de alamares y botones plateados o dorados y con sombrero de ala ancha. Cuando varios de estos ganaderos emigraron a México, llevaron sus costumbres, su atuendo y su vocabulario.

Los primeros conjuntos de mariachis del siglo XIX estaban integrados por labradores, vaqueros y pescadores, gente sencilla que naturalmente vestía con enorme sobriedad. Interpretaban los sones de Jalisco, temas muy conocidos como Eres alta y delgadita, La rueda y El caporal. Pero a medida que los conjuntos fueron ganando fama y empezaron a viajar a la capital, Ciudad de México, incorporaron adornos a su atuendo para hacerlo más llamativo. Empezaron a usar pantalón apretado, a imitar los botones de los charros españoles y a ponerse en la chamarra (saco corto o chaqueta) moños con los colores de la bandera. Al sombrero campero le agregaron un ribete de cuero.

Fue en 1927, con ocasión del Primer Festival de la Canción Mexicana, celebrado en la capital, cuando se entronizó el atuendo. El Festival permitió la presentación en sociedad del «uniforme» de los charros. Aquel año, el Mariachi Marmolejo vistió a sus músicos con trajes artísticos muy semejantes a los que hoy son icono de la cultura azteca.

Un guardarropa tan vistoso resultaba ideal para la imagen del intérprete de rancheras. Por eso la aparición de la industria del cine descubrió la figura del charro cantor, ya separado del conjunto musical mariachi. Allá en el rancho grande con el cantante Tito Guizar fue el primer éxito de ese personaje mítico de la cultura mexicana que se elevó al paroxismo con ¡Ay, Jalisco, no te rajes! de Jorge Negrete. Un Jorge Negrete ataviado, cómo no, a la usanza de los viejos hacendados salmantinos.

 

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